martes, diciembre 6

De la antepenúltima letra del alfabeto

He descubierto, con alegría, una nueva ciudad. Me emociona recorrerla con la velocidad del metro. Hay una terminal a la que anhelo volver. Un museo que debo terminar de reconocer. Una biblioteca entera en donde vivir. Y una mujer.

Guanajuato me ha dado demasiado. Espero olvidarlo pronto.

lunes, noviembre 28

De la penúltima letra del alfabeto

Ya me he dicho mil veces que debo dejar de escribirte. Mis amigos, que también son los tuyos, insisten en que te deje ir. El olvido sigue sin trabajarme, al menos no lo suficiente. Estoy en un momento crucial, al borde del cambio. No sé qué será de mi vida. Mi condición es deplorable: no quiero tomar decisiones ahora. No estás conmigo, así lo quisiste. Sigo sin entender las razones, sigo sintiendo que todo esto es un mal sueño. He dedicado mis días a escribir la tesis y a llorarte. A maldecir la vida por alejarnos. El tiempo, irremediablemente, avanza. He conocido a nuevas personas, una en particular. No sé si su presencia me hace feliz, o simplemente me ayuda a olvidarte. Necesito hablar contigo. Pero tengo miedo de que el ruido entre nosotros continúe. Cuánto tiempo debe esperar uno para recuperar a quienes ama. Mi vida no está completa si mi lista de contactos ha vaciado la letra de tu nombre.

jueves, noviembre 10

Bitácora de viaje. Nota #0248

Tulum

A cuarenta minutos de Playa del Carmen se encuentra el paraíso. Podría pensarse, por mera tradición occidental, que el camino a dicho lugar debiera ser ascendente. Mas no es así: se viaja hacia el sur, en un trazo paralelo al mar.

La ciudad amurallada es como el amanecer: de extraño azul y carmesí.

martes, noviembre 8

De tu nombre y otros demonios

Debería de hacer tantas cosas. Borrar tu nombre, rasparlo. Debería dejar de beber. Cuando pasó, rompí tus dibujos porque odié que no me amaras; ahora no puedo romper ni los mensajes que dejabas en mi escritorio, en el refri, en nuestra cama. No he tenido valor para borrar nuestras fotos. Debería dejar de fumar. Sigo guardando todos tus regalos en una caja de oficina. Ayer volví a verla, no con la intención de recordarte, sino para desocuparla. No pude hacerlo. No pude siquiera revisarla toda. Debería poder hacer tantas cosas. Debería dejar de beber tanto. Debería de olvidarme de dónde vienes, pero el Cervantino se encargó de recordármelo durante tres semanas enteras. Debería dejar de fumar tanto. Debería de no pensarte en lo absoluto, pero repensar cualquier momento de los últimos años me obliga a redibujar tu rostro. Debería dejar de escuchar el disco que me regalaste hace tiempo, tirarlo a la basura, prenderle fuego. Debería beber menos. Debería de odiar tu nombre inolvidable. Debería de abandonar a todos los que te conocen y conocer a otros. Debería fumar menos. Debería de gritarle mi odio a Guanajuato, debería de aprender a odiarte más que a Guanajuato. Incendiar los lugares que eran nuestros, celebrar la marcha del tiempo. Debería de hacer tantas cosas. Y no puedo.

Debería no escribirte más.

domingo, octubre 30

Bitácora de viaje. Nota #0001

Tengo la intención de hacer una bitácora de viajes. No he traído conmigo ninguna libreta. Espero poder conseguir una. Usar el celular así me desagrada.

Cuando se va por sobre el golfo de México a una altura adecuada, en un jueves inmediatamente posterior al miércoles de ceniza, la superficie marina me recuerda a tu piel: inaccesible, deseable.

jueves, octubre 13

Debería de escribir tanto. Mejor cito a Borges

Apagué la luz y aguardé un tiempo en la oscuridad. No oí el menor sonido, pero la presencia de las cosas incomprensibles me perturbaba. Al fin me decidí.


Ignoro si la música sabe desesperar de la música y si el mármol del mármol, pero la literatura es un arte que sabe profetizar aquel tiempo en que habrá enmudecido,y encarnizarse con la propia virtud y enamorarse de la propia disolución y cortejar su fin.


En el fragmento publicado por Hilgenfeld, la tiniebla y la luz habían coexistido siempre, ignorándose, y cuando se vieron al fin, la luz apenas miró y se dio vuelta, pero la enamorada oscuridad se apoderó de su reflejo o recuerdo, y ese fue el principio del hombre.


Antes del fin me interrogó:
— ¿Cantaste muchas veces por esas tierras?
La pregunta me tomó de sorpresa.
— Al principio —le dije— canté para ganarme la vida. Luego, un temor que no comprendo me alejó del canto y del arpa.
— Está bien —asintió — . Ya puedes proseguir con tu historia.
Acaté la orden. Sobrevino después un largo silencio.
— ¿Qué te dio la primera mujer que tuviste? —me preguntó.
— Todo —le contesté.


El fin del manuscrito no se ha encontrado.

lunes, octubre 10

Yumnia

Digo que esto es lo último que te escribo -probablemente mienta.

Tres meses han pasado ya. No quiero más rencor, no busco más dudas. No más nada, amor. Lo decidiste e irremediablemente tengo que aceptarlo. He incendiado al mundo para olvidarte -y he fallado. Te extraño todavía. No soy feliz, pero al fin entiendo que puedo serlo sin ti. Confío en que algún día el ruido que nos rodea cese. Y entonces, tal vez, podamos reconocernos de nuevo.

Hasta entonces Yumnia, nada más.